Las emociones forman parte de nuestra naturaleza. No son buenas ni malas: todas cumplen una función. El problema es cuando se desbordan.
La alegría nos acerca a lo que valoramos, el miedo también puede ser protector, la rabia nos ayuda a reconocer lo que nos molesta y aprendemos a colocar límites y la tristeza nos ayuda a procesar las pérdidas.
El problema no son las emociones, sino cuando ellas toman el timón. Regular no es sinónimo de reprimirlas, sino aprender a reconocerlas, comprenderlas y expresarlas de una manera saludable.
Vivimos en una sociedad donde algunas emociones son menos aceptadas. Muchas personas crecieron escuchando frases como no llores, no te enojes o tienes que ser fuerte. Sin embargo, lo que no se expresa no desaparece. Las emociones que permanecen contenidas pueden transformarse en estrés, ansiedad o incluso manifestarse físicamente cuando el sistema nervioso permanece activado durante mucho tiempo.
Hace poco conversaba con una persona que había sufrido un problema cardíaco. Entre las recomendaciones médicas no sólo estaban los medicamentos y la alimentación, sino también algo muy simple: expresar lo que siente y permitirse llorar. Cada vez existe mayor conciencia de que la salud emocional y la salud física están profundamente conectadas.
Cuando una emoción es muy intensa, existen estrategias que pueden ayudarnos a recuperar el equilibrio.
- Al sentir rabia, la reconoces luego intenta tomar distancia antes de reaccionar. Puedes caminar, realiza actividad física o respira profundamente antes de responder.
- Si aparece la tristeza, no luches contra ella. Date permiso para sentirla, conversar con alguien de confianza o escribir lo que estás viviendo o dejar que las lágrimas fluyan.
- Frente al miedo, observa los pensamientos catastróficos. Puedes respirar y observar estos pensamientos, tomando distancia de ellos. Este pequeño cambio ayuda a disminuir la sensación de amenaza.
También existen herramientas muy eficaces como la
meditación mindfulness, la escritura terapéutica y la respiración consciente, que permiten observar las emociones sin quedar atrapados en ellas.